martes, 15 de marzo de 2011

Rita


Virutas de sol languidecen en mis manos. Manos resecas, rematadas con uñas mugrosas y mal cortadas. El baile de sombras de los autos lleva el ritmo sobre la pared encalada. Estoy ido, Como tonto, viendo sin ver. Mis dientes chuecos se esconden tras la seriedad de mi boca. No canto, no silbo. Escucho. Hay mucho de hipnótico en la voz. Voz que todavía no tenía rostro, ni piernas, ni labios. Abro los ojos.

No estoy en prepa, mis tenis no están rotos, ni mi camisa es de franela. Quedaron atrás mi delgadez, mi pelo largo y mis casetes, pero en este instante esa voz sigue saliendo de las bocinas y aun con un nudo en la garganta, me asalta el recuerdo de sus manos de movimientos arabescos y sus piernas de medias negras.

Se fue; pero aun no estando aquí, si esta. Ahora por siempre.

Descanse en paz Rita Guerrero.

La imagen la tome de aqui

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El mejor recuerdo...


No hay mucho que decir Beto.
Se te va a extrañar y ya nos veremos luego.

Si, eso

Hace dos semanas.
Estoy cojeando. No, cogiendo no. COJEANDO. Apoyo mi pie izquierdo sobre el suelo y la punzada ( ¿Es dolor?) surge del muslo hacia la parte interna de la cadera. Como, un viejo, ahora mi andar es pausado, con un miedo casi secreto a caer.
Me levanto de la cama y mi pie izquierdo me recuerda que estoy vivo, jodido de una pierna y que un día de  labores me espera irremediablemente. “Estoy vivo”, pienso. Otra vez.

 El Martes.
Una gripe desparrama mocos color  verde gargajo por mi nariz. Estornudo y saliva sale disparada hacia todos lados dejando una brisa olorosa a baba mañanera sobre mi chaquetin. Un pequeño ardor en la garganta y listo: Casi no puedo hablar. Un peso  en la cabeza me hace entrecerrar los ojos mientras conduzco. Hurgo en mi nariz y un fluido calido y pegajoso recibe a mi dedo índice. Soplo y por una fosa nasal no sale aire. Abro la boca y jalo una bocanada de aire frío. “Estoy vivo”, pienso. 

 

Hace seis días.
Ha sido un mes de mierda, de materiales faltantes,  de problemas estúpidos, estrés en dosis peligrosas. Aun hay quienes se emocionan por que viene Navidad. Podría perder mi trabajo, pero no se cual seria mi reacción, realmente. Entonces empezaron a brotar, grano tas grano. En mi sien, en mi frente, en la comisura de los labios.  Granos llenos de una cosita blanca y grasosa que brota al exprimirlos y que después dejan escapar gotitas de sangre, mientras  el grano se hincha, rojizo, notorio. Volví  a la secundaria, con todo y maestra regañona, con todo y el sentimiento de inferioridad y la sensación de ser el pelmazo mas pendejo de la clase, el burro que se aplica  pero nomás no entiende. Exprimo mis granos con las uñas sucias y veo en el espejo el campo de batalla que es mi frente. Sin embargo, pienso que lo peor esta debajo de esta piel marcada.
“Esto es vivir”, me afirmo a mi mismo intentando convencerme.

 Anteayer.
Me sueno la nariz con una servilleta rugosa. Arde. Me levanto de la silla y un ligero tambaleo me hace que me sostenga de la mampara. Despacio, llego al baño. Mi estomago parecería que va a explotar y entonces considero seriamente en sentarme  y dejar que salga lo que tenga que salir, aun y cuando viole mi  regla de oro de no cagar en baños públicos.
Colitis. Gastritis. Lo que sea. Llevo casi dos años y medio  con el estomagó hecho un desmadre. Permanezco mirando fijamente el retrete  y siento que un pedo esta por salir y me preparo para soltarlo y entonces pienso  que tal vez podría salir con ese liquido amarillento que ni es excremento ni es agua, e imagino la incomodidad por el resto de la tarde al sentir la truza humedecida por dicha sustancia y entonces lo contengo. Regreso a mi lugar con la panza igual de inflada e imploro que el tiempo corra rápido.

 Hoy.
Cuando sea viejo, si eso pasa, seré de los  ancianos  gordos que maldicen y les dan tundas a los nietos.

 Ayer.
En el comedor, con mi platillo de taquitos grasosos, veo en la television el concurso de baile de quebradita de un programa de Televisa y me sorprendo por que, ¡ya lo disfruto! Suelto una risilla que termina en un ataque de tos,  justo cuando el bailarín hace volar  a su pareja regordeta por los aires. Diversión pura.

jueves, 7 de octubre de 2010

Armando Palomas En Saltillo


La cerveza se asentaba en mi cabeza, volviendo las ideas pantanosas, pero ensoñadoramente lúcidas. Negra Modelo, que buena estas, decía Lora y yo con mis once años, hasta imaginaba el pelo afro coronando un cuerpo escultural de una morenaza que cadenciosamente bailaba a ritmo de blues.
Ahora, esa Negra Modelo se resbalaba por mi garganta mientras el viento fresco de Saltillo remolineaba el humo de la carne asada y el Güero, Omar y yo cotorreábamos de lo más a gusto.

Entre apócrifas canciones norteñas y rancheras (de las más caras), apareció una voz grave entonando una melodía melancólica. ¡Ah, si!, esa noche veríamos a Armando Palomas; casi lo olvidaba. Palomas el de la lengua encuerada, sin tapujos; Palomas, el poeta de cantina eternamente enamorado de la mujer y el vicio (que si no son lo mismo, como se parecen); Palomas, el resucitado que ya casi andaba bailando las calmadas con Doña Catrina, justamente por estas tierras Coahuiltecas.

Las negritas -edición limitada del bicentenario, off course- yacían a nuestros pies, huecas, ya sin su espumosa esencia. El sol dijo “ahí nos vidrios” y el airecito se puso todavía más frío. Era hora de lanzarse a ver al Armando Palomas, el trovador punk. Aunque te cague el mote (que no la mota), mi buen Palomas.

 

¡Tu y la borracha Noche!

Llegamos al Moose, el bar donde sería el recital. Ahí nos esperaba ya el Tomexo, otro entrañable primo al cual tenía un buen de años sin ver. Nos acomodamos en una mesa, más cerca de la barra que del diminuto escenario donde instantes más tarde se deberían de acomodar Palomas y sus secuaces.

Para no resecar la garganta, salió al quite una tinita llena de cervezas indio. Negras e indios mezclándose en mis venas; ¡Que embriaguez tan zamba!



El bar comenzaba a llenarse y de Palomas ni sus luces; hasta que de pronto entro un  greñudo y barbudo  en camiseta de resaque, era el guitarro del Palomas. Minutos después Armando, un percusionista y un bajista se acomodaban en el escenariecito.

¿Con cual empezó? No se, creo que pudo ser con aquella rolita que pinta para convertirse en himno “Cuando será Sábado otra vez”. Aplausos, gritos. El sonido se escucha chidito y Palomas se ve sereno. O crudo.


Se siguió con varias rolas de su disco De regreso al Burdel de la Soledad; “Perdón por la extraña manera de despertarte” fue la que mas  se me quedo grabada en mi alcoholizada choya.

Tomo fotos con mi pulso maraquero, y llega una segunda tina de indios. Voy al baño. Regreso. Inditos bien muertos y el Palomas cante y cante; ahhhh no, ya se con cual empezó: “El amor descansa ( en un jakuzzi)”, si fue con esa, por que  el guitarro greñudon le ponía mucho énfasis.

Toco “Cholo Story” y le hice coros con mi vocecilla aguardentosa durante toda la canción, por que, además de que es de las pocas rolas que  me se completas, esta con madres. Se acaba  y aúllo. Armando Palomas le da sendos tragos a una botella de Tequila ¿Tradicional? Nada de  rayas de coca, no pastillitas locohonas, no yerba verde apestosona, nada; solo tragotes de Tequila.

 “Volar como los pájaros”, “flaca don´t go Home” que es como  “johnny be good”, y  “Gatos, perros y este asqueroso blues” que es una chingonada de rola. Tan cabronamente sacudió mi alma que poco falto para que  una pinche lagrima resbalara por  mi cachetona mejilla. 

¡Tu y la borracha noche!- Gritaban mis primos, y Palomas chacoteaba con “Que se muera el rock  y también el  pop”, ¡Ay reptileptic…!  Jajaja, casi me desatornillaba de la risa.

Material de antaño: “Una cuarta mas abajo del ombligo”, “Santa de un infonavit” (¿si la toco?), “Manual para conquistar a Claudia”.

¡Tu y la borracha noche!- Gritaban mis primos, y Palomas le daba largos tragos a la Botella (la segunda) de Tequila. Se rifa con  “Juan Simón” en versión discotequera a la Travolta (me gusta mas en Punk HC) y “La trova  me da hueva”,  un certero puñetazo repleto de mala leche para todos aquellos que gustan de esa mamarrachada autodenominada  Trova nueva.

“Amanece diario y Ya la extraño”, “Canción del mutilado” (tremendo himno de mis años mozos) y hasta  covereó a los Fabulosos Cadillacs tocando “vasos vacíos”, sobra decir que el auditorio se puso como loco.


No se que mas toco, yo lo escuchaba y a ratitos no; a veces me escuchaba yo mismo en mi cabeza pensando sepa la madre que cosas. Más fotos temblorinas y un mesero me dijo que no obstruyera la vista.

Emotiva la dedicatoria que hizo de una canción (ya no supe cual) al cineasta Sergio García (el que hizo aquella bizarra película “Un toke de rock”), recién fallecido. Al parecer  García (q.p.d.) estaba realizando un documental sobre Palomas. Habrá que conseguirlo.

¡Tu y la borracha noche!- Gritaban mis primos  y los músicos de Palomas tocaron sus rolitas. El guitarro rifa.
Palomas se despide con un cover de Sabina (Joaquín, no Santa) y se va; supongo que a seguir la fiesta; nosotros a dormir.

 

!Ah Chingá!, ¿pus que paso?
A la mañana siguiente, un poco crudo pero bien almorzado, cavilaba: ¿Qué es Palomas? Una mutación extraña derivada de trovador con duras escamas rockeras, garganta Jose Alfredoriana  aguardentosa y desplantes urbano-cumbiancheros? Aun y cuando ya se logra apreciar en la música de Palomas una madurez que lo emparenta mas con Joaquín Sabina que con Rockdrigo, mas con la amargura de un José Alfredo Jiménez que con la desfachatez de Jaime López, Palomas sigue teniendo una mezcla extraña de mexicanidad (¿existe tal palabreja?), bohemia mal pedo y rebane esquinero y caguamero.

¿Entons qué es Palomas? Puro cabrón, diría mi abuela.


jueves, 26 de agosto de 2010

Amonio

Sentado al borde del colchón,
Distingo el contorno de los muebles
Es algo extraño no hay dolor
Y de reojo veo que aun duermes
Mis pies descalzos sobre el piso,
No hay frió, esta vez
Esta mañana tiene un hechizo
O mi vicio, me jugo un revés

Con el paso lento habitual
Me escurro hasta donde el retrete,
No tengo nada que evacuar
Y el vacío me golpea de frente
De repente me siento solo,
E imploro, un día normal
Y me dio cuenta de que es tarde
Si, es algo tarde,
Para expulsar…

El amonio, de mi tracto intestinal
Amonio, que al fin decidí tomar
Amonio, dulce hiel quema mi piel
Amonio…

Corro hacia el cuarto y puedo ver
Tu cuerpo acurrucado al mío
Intento sacudirme y se,
Que yo ya no estoy dormido
Quisiera escapar a otro lado,
Pero mi estado es de shock
Quisiera regresar el tiempo,
Solo un momento,
Y escupir…

El amonio, de mi tracto intestinal
Amonio, que al fin decidí tomar
Amonio, agridulce miel y hiel
Amonio…

Así se escucha...

I-ME-YO o ¡Ay!, mi Yo

Yo tocaba en una banda de rock. De punk. De Ska. De lo que sea. Y mis canciones no eran – no son- la gran cosa.
Yo traía el pelo largo y decía “!Mierda!” y caminaba libre con flamantes tenis comprados por mis papas.
Yo me emborrachaba por las madrugadas, con amigos, en callejones y patios.
Yo Juraba por John Lennon, por Kurt, por Rockdrigo, que jamás me vendería. 
Yo me sentía poderoso con los tres tonos que me sabía en la lira.
Yo me decía agnóstico y me burlaba por igual de Cristianos cerrados y de metaleros acérrimos.
Yo sonreía franco.
Yo pensaba que moriría a los 30.
Yo era joven.
Yo pensé que nunca me divorciaría. Aun no me caso, pero ahora no lo descarto.
Yo desde que era puberto quise ser gringo, por que eso cabrones pueden trabajar 4 o 6 horas en un empleo mediocre y les sobra tiempo y dinero para tocar en un grupo de rock por las noches.
Yo gustaba de escuchar música a altas horas de la noche y con el alcohol me ponía pesado. Hoy soy un pesado de tiempo completo.
Yo no estaba pasado de moda.
Yo no estaba -no estoy- interesado en las modas.
Yo siempre he querido calzar unos Dr, Marten color vino.
Yo me enamore una vez. O dos.
Yo siempre les reprocho a mis padres no haber sido ricos. Y luego siempre me arrepiento.
Yo todavía detesto que a mi papá le gustaran los Beatles y que tuviera discos de ellos en la casa y que mis tíos fueran músicos y que yo descubriera un placer indescriptible en las melodías, por que entonces y solo entonces, hubiera tenido una oportunidad de ser feliz.
Yo soy el y tu eres yo y todos somos a la vez, mira como corren como cerdos ante un rifle, mira como vuelan,estoy llorando…
Yo no valgo madre.
Yo le hacia caras al Güisqui.
Yo tengo baja autoestima.
Yo soy la mera reata. Flácida.
Yo soy un ebrio.
Yo nunca le entendí al pinche yo-yo…
Yo tengo calor.
Yo extraño a mis amigos.
Yo soy un ebrio… ¿ya lo dije?
Yo…Yo…

sábado, 21 de agosto de 2010

Huracán

Intentaba terminar lo comenzado. No podía darme el lujo de dejarlo inconcluso, no después de una vida de de dejar las cosas a medias. Si instantes antes la visión perfecta se había presentado ante mí, la visión de la obra terminada en su totalidad; y el hermoso proceso, recreado mentalmente, paso a paso, milimétricamente, todo contenido en fracciones de segundo pero inmensa y placenteramente perpetuo en un fogonazo, todo eso en mi cabeza…Simple y sencillamente lo tenía que concluir.
“No tienes los huevos…” dijiste, y esas palabras fueron el detonante. No hubo manera de dar vuelta atrás; me volqué sobre mi creación y como generalmente sucede con las grandes obras, solo paso un instante para que de la nada brotara la idea maestra, la revelación de una y mil musas; una revolución de fuego que lo arrasaba todo, fuego por mis extremidades, extendiéndose de forma virulenta por todo mi cuerpo y justo cuando todo encajó al fin en su lugar, el tiempo se detuvo: Rodajas de memoria se agolparon con fuerza; rodajas de recuerdos, de días, de noches y mañanas, pequeños flashazos de otros tiempos, de otras horas, de sonrisas, de guiños. Y reconocí el lienzo; un lienzo dispuesto. Y ya no hubo mas recuerdos y el tiempo se descongeló con el calor de mis manos, y si hubiera podido distinguir mi rostro en tus pupilas, hubiera podido ver una sonrisa de placer, de éxtasis, y eso era apenas un gesto borroso de mi alma, apenas un murmullo que hacia eco del griterío desordenado de mi interior.
Entre manotazos y cabellos revueltos, vi la blancura tornase en rosa, luego en rojo y finalmente en manchones violáceos.
Una gota de sudor se escurrió desde mi frente cayendo en tu rostro inmóvil, devolviéndole el sonido al cuarto -hasta ese momento mudo espectador de mi creación- y entonces desde la televisión escuche a un reportero capitalino hablar acartonadamente sobre la gente del norte del país que lo perdió todo por el huracán Alex.
Y recordé que hacia tiempo había escuchado en algún lado que el artista sabe -intuye-, cuando su obra ha sido terminada; sin embargo, yo continué apretando un largo rato.

Y apretaba, y apretaba, y apretaba…


*Dedicado a Las Madrastras, camaradas y gran BANDOTA Coahuilense con la cual roló el Estorbo hace ya algunos añejos en la gira Machacado al estilo Coahuila, en especial al Julián Herbert, que si le intelíge a eso de armar enunciados coherentes, no como uno…