lunes, 23 de octubre de 2017

Un demencial tipo acelerado

Soy un desempleado. “Un Parao”, dirían ellos. Pero ni las deudas ni las discusiones maritales,  merman  mi ánimo por ver al único sobreviviente de la banda más honrada del mundo; la que reventó mis adolescentes oídos con un punk sucio y nihilista, música fea para desadaptados.  Así es: Pako Eskorbuto vendría a Monterrey y no quería perdérmelo. No podía.
Las Violetas Violentas
Una morralla escaza en el bolsillo, un cambio de ropa y dos cámaras fotográficas en la mochila. Ese era mi equipaje para lanzarme a ver al último sobreviviente eskorbutero.
Ni Trusko ni Pablo se animaron a ir, pero Ponchín sí; entonces aprovechamos que La Peluca y Pablo tenían vuelta de trabajo a la capital del cabrito  y, después de esperar al pinche Alfonso por más de media hora, salimos hechos madre de Monclova en una troca sin estéreo, pero no importa; en mi cabeza resuena la batería electrónica del  Esquizofrenia y los gritos desgañitados de los dos demenciales chicos acelerados que ya no están en este mundo de mierda y que, como en los ochentas, sigue estando igual o peor de podrido.

Tomamos el metro en Cuauhtémoc y nos bajamos en Fundadores. Caminamos –un chingo- hasta la Librería Gandhi para buscar un libro que me pidió Juan, pero no lo tienen. De igual forma termino dándole en la madre a los últimos 300 pesos de la  tarjeta de nómina de mi ex trabajo. Los culpables fueron José Revueltas, Juan José Arreola y José Emilio Pacheco. Pinches Joseses. Ya que chingados. Las nubes sobre el Cerro de la Silla y el sol de la tarde me parecen algo tristes, pero se bien  que ni la tarde ni el mentado cerro tienen algo que ver con mi pataleado estado de ánimo.


Plan  9

Ponchín sale feliz de un cajero porque le depositaron su lana y caminamos a Plaza Morelos para comernos unos taquitos de a 25 pesos la orden. El cabrón se da el lujo de empujarse los tacos con una cerveza Indio, en pleno centro comercial. Me da risa y veo mi reflejo en las ventanas del lugar. Afuera oscurece y me doy cuenta de que soy un adulto con escaso pelo despeinado y haciendo las mismas tonterías de un chamaco; pero curiosamente no me siento mal.

Ya con la panza llena llegamos a Barrio antiguo. El bar donde será el evento se llama Music Antro y está prácticamente vacío, pero apenas son las siete y media. Ponchín compra su boleto; el mío lo trae Fabián, así  que nos vamos al Café Iguana y nos trepamos a la terraza a esperar a que Fabián salga de la chamba. A las 9 y media y ya con Fabián,nos lanzamos al Music Antro, que está a una calle del Café iguana. Punkis de la vieja guardia y morros de la actual movida están en los alrededores. Adentro ya está tocando el legendario combo saltillense, Violetas Violentas. Punk rasposo y acelerado sale de las bocinas  aunque la audiencia  aún no se anima a armar desmadre. Les tomo unas fotos y me doy cuenta que estoy bastante oxidado en el manejo de mi vieja cámara. Se suben los Plan 9, otra banda que también tiene tiempo en la movida punkeada de Monterrey.  Le doy mi cámara vieja a Ponchín para que saque unas fotitos y calo la otra cámara. Mierda, tampoco le atino; ni al enfoque ni a nada. ¿Será porque estoy demasiado sobrio? Mientras los Plan 9 nos recetan un punk de tintes misfiteros, enjundioso y ponedor, comienza a entrar más raza.
La siguiente banda son los Hellmaistroz y tocan un punk hardcore en la onda D-Beat de alto octanaje, hecho madre  y retador. Su vocal le dedica una canción a los  punkis  que están afuera y que al parecer no entran por que no quieren pagar el boleto. Por un instante me imagino que estamos en la Arena López Mateos de Tlanepantla Edo. De México, en un lejano 1991, con punkis cabrones  a punto de dar portazo. Es solo una pequeña puñetita mental.
Terminan su set los Hellmaistroz y se suben al escenario los mismísimos Disolución social. Pioneros de la escena punk regiomontana, su punk áspero y austero, así como sus letras críticas y de alto contenido social, nutrieron –y siguen nutriendo- a varias generaciones de  punketos y escuchas afines, creando una base sólida de seguidores y  un montón de canciones que se han convertido ya en himnos. No por nada es con ellos con quien  se inicia el slam.  Sus canciones son coreadas por todos; “Soy punk”, “La policía te reprime” y “El loco” hacen que la banda brinque y se empuje; y entre canción y canción, Raúl González (vocalista y guitarrista) suelta frases que nos recuerda la situación tan empinada en la que esta nuestro país. Gran verdad, pero esta noche  simplemente me vale madre mi paupérrima situación y la del país completo.
HellMaiztros
“Vamos  a hacer una investigación por que al parecer unos vagos le volaron una guitarra a un tal Evaristo… ¡Ya regrésenla, no sean cabrones!” dice Raúl Disolución en medio de la rola de “La policía…” y  Fabián y yo soltamos la carcajada. Y en ese instante volteo hacia el segundo piso del lugar y ahí está, el compañero de correrías de aquel par de desquiciados, listo para aporrear y hacer retumbar los cueros.
Como si se tratara de un Rocky  subiendo al ring, una valla de seguridad se forma para que Pako Galán y Cía. Lleguen hasta el escenario. El público –ahora si de un número considerable- lo aplaude. Se Puede ver el rostro de felicidad del baterista y una sonrisa sincera se le dibuja en los labios. Sabe que esta con su camarilla.
En la esquina izquierda del escenario, me quedo congelado. Estoy viendo al traco de Eskorbuto. El mismo tipo de lentes oscuros y gesto adusto que tantas veces me hizo mover los brazos como si estuviera tocando la batería.
Disolucion Social
No puedo recordar con que canción comenzaron; estoy pasmado. A ver, un momento; si: ¡YA NO QUEDAN MAS COJONES, ESKORBUTO A LAS ELECCIONES! Grito como todos los demás. La batería  suena chingonsísima; pareciera que  Pako quiere reventarla desde el principio. Sigo en mi intento de tomar fotos pero nomás no doy una; salen todas movidas. Llueve cheve, o al menos quiero pensar que es cerveza. Me empujan. Punkis de todas las edades levantan los puños y corean “Historia Triste” y una melancolía se me clava en el pecho. Faltan dos. Ojalá estuvieran aquí. Prefiero morir como un cobarde, que vivir cobardemente… Aún me sigue sorprendiendo la facilidad de Iosu y Juanma para escupir enormes verdades en sentencias tan sencillas. Yo aún sigo viviendo cobardemente. Mucha policía Poca diversión, un error, un error… A mi lado hay un punki de la vieja guardia, canoso y chaparrito que se desgañita pidiendo  “Tamara” y “Mata la música”; instantes después está en medio del slam, brincando y agitando los brazos. Todos lo levantan  y surfea sobre los cabezas.
Ponchin y Fabián están en medio de una marea de crestas, torsos desnudos y chamarras con estoperoles. El piso está lleno de cerveza y algunos se resbalan.  La raza los  pone en pie al instante. Mirarás al cielo y verás una gran nube sucia...Altos Hornos de nuestra ciudad…Somos ratas en Vizcaya…Pero yo grito que somos ratas en Monclova. ¿Cómo es posible que  una canción punk para una ciudad del viejo continente  retrate a la perfección a mi pueblo con pretenciones de ciudad? Es como si este trio de desmadrosos hubiera pisado este lugar tan lleno de baches  y políticos corruptos.  
Antes de la guerra podían regresar…volver a sus casas, volver a empezar…Pako suda copiosamente, pero el rostro serio y concentrado mientras aporrea los tambores, se le llena  de satisfacción al término de cada canción y aparece esa sonrisa discreta al comprobar que todos nos la estamos pasando de poca madre.
“Adiós Reina mía”, “Mierda, mierda, mierda”, “Es un crimen”. Todas suenan  bien cabrón. Esta no es una canción de amor, la esquizofrenia es mi pasión…Los testículos me cortaría por la calavera del rey…Es una  marcha oscura, un recordatorio de que hace décadas existió un grupo capaz de arrancarle a jirones genialidad a lo simple y austero; de escupirle  y pintarle un chingazo a la muerte tal vez sabiendo que su tiempo era corto, pero ese mismo tiempo dejaría resonando sus carcajadas sinvergüenzas en la  memoria del puñado que aún estamos y en la de los que vendrán.
¿Dónde está el porvenir, que crearon nuestros viejos? ¿O ES ACASO ESTA PUTA MIERDA EN LA CUAL VIVIMOS? La pregunta sigue sonando tan tristemente actual. Grito con el puño levantado.
 
Pako Eskorbuto
El tokin se acaba. Pako saluda amablemente a la gente que se acerca a la orilla del escenario. Se toma fotos. Sonríe. Se le ve satisfecho. Después sube por las escaleras de nueva cuenta flanqueado por los guardias de seguridad. Gracias a un amigo de Fabián, logramos que nos dejen subir al segundo piso del bar a tomarnos la foto del recuerdo.  Esperamos un rato  a que otras personas se fotografíen y saluden a pako. Preparo la cámara, pero cuando nos acomodamos al lado del baterista tomo una foto movida y sin flash. Sencillamente debí de haber hecho el viaje sin cámaras. Nervioso, le digo -textual- al Pako: “Es un honor y un pinche gusto verte tocar; la música que hicieron los tres influyo enormemente en mi vida.” Si, tan patético como una quinceañera chorreándose al ver a su ídolo de reguetón frente a ella. Aun así Pako estrecha mi mano con fuerza, y sonriente  me dice que el gusto es que hayamos asistido y que espera que nos veamos en la próxima. A huevo.
Salimos del MusicAntro y después de recetarse unos jotchos, Fabián se despide de nosotros, pero a Ponchín y a mi aún nos queda energía pa´ bailar ska en el Nandas. Estoy tan pinche contento que  me tomo una bironga. Amaneciendo –y amanecidos-,  y después de esperar  como dos horas en la central  ya venimos de retache en el camión a Monclova.
Después de más de 24 horas sin dormir y con los pies molidos, el cansancio me comienza a pasar factura. Me quedo dormido con el Eskorbuto aun resonando en las orejas y pienso que a Pako Galán le asiste toda la jodida razón: ESKORBUTO va a estar hasta que la muerte se acuerde de él, como lo hicieron Iosu y  Juanma; y como tercio de la banda, si él quiere tocar y girar, manteniendo el legado de la banda y haciéndolo llegar a más gente, lo celebro y lo aplaudo. Al final, son las canciones las que quedan. Y desde una cinta, un cd o en ceros y unos que flotan en el internet, seguirán reventando oídos como lo hicieron conmigo en mis ya lejanos años de preparatoria. Así es Pako, aún quedan demasiados enemigos.
En lo que a mí respecta,  me cago del gusto de haber visto pasar  al demencial -y ya no tan- chico acelarado por Monterrey.




martes, 29 de agosto de 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

Lázaro Cristóbal Comala

La tierra que levanta la vieja camioneta avanzando por la brecha me hipnotiza, junto con el ruido que hacen las llantas al aplanar las piedras sueltas. En la caja vamos mi primo Gerardo y yo, sentados sobre un montón de elotes recién cortados, sintiendo la brisa tibia. El sol comienza a ocultarse entre los huizaches y aun puedo ver el canal de riego, quedándose atrás entre la polvareda. Al volante, mi abuelo  cala un cigarro Raleigh  mientras escucha un viejo corrido que pasan en el radio. No lo podía distinguir en ese instante pero, una sensación de paz, de estar en sintonía con ese entorno placido y quieto, me envolvía dulcemente. Esa sensación,  aunque disminuida, casi como un eco, vuelve en este instante que escucho a Lázaro Cristóbal Comala.
Es oriundo de Durango y lo descubrí hace más de un año gracias al excelente programa  Cero Decibeles y no miento al decir que  desde instante quede prendado de su música. Su nombre real es Daniel Azdar Sil y es  un espécimen raro en este país tan lleno de reguetón  y pop malo disfrazado de rock. Curiosamente, Daniel es uno de esos tipos que aún tienen amor y un franco respeto por la hechura de canciones que calen hondo. Y eso se agradece enormemente.
Enraizado en el country folk de Johnny Cash (para dar la referencia más evidente), el sonido de Lázaro Cristóbal Comala deambula cual fantasma por pasillos oscuros; arrastrando cadenas  de melancolía y desazón, pero aún así irradia y atrapa. Música austera, de una sobriedad  extraña, que es capaz de transportar (al menos en mi caso) hacia un México rural; aquel de tardes  largas y banquetas regadas; un México de Kioscos y domingos de plaza, de  nieve de sabores y  de pláticas entre vecinas y luciérnagas destellantes entre la hierba.
Y cuando ya con la música mi corazón estaba complacido ante Lázaro, escucho esa voz pausada y directa, con un aire de aflicción, enunciando palabras que evocan fotografías mentales. Palabras con peso y significado que sin estridencias ni victimismo -casi como una confesión que se le hace al amigo más cercano-, hablan de derrota y pesadumbre. Y el corazón terminó  por rendirse.  
No hay drama en Lázaro Cristóbal Comala; se trata  simplemente de la agridulce certeza  de pertenecer al bando de los perdedores, de la mansa resignación del hombre  al cual, a punta de chingazos, la vida lo ha convertido en alguien sin sueños, o de sueños  opacos  en el mejor de los casos. En Lázaro Cristóbal Cómala se  percibe un aire de impotencia ante los estragos  y las cicatrices que van quedando de las batallas diarias por ganar el pan,  perder el amor o conservar la cordura; y aun así la música redime y eleva, pega la  piezas rotas y nos mantiene respirando, en una constante búsqueda de los pedacitos faltantes.

Lázaro Cristóbal Comala mete el dedo en la herida infectada. Jala la muela floja pendiendo del último nervio. Susurra en el oído del que mira fijamente el pavimento desde la azotea de un quinto piso. Y aun así la melodía nos mantiene en pie, nos da una palmada en el hombro como lo hiciera tu padre mientras bebe una cerveza contigo. Y aparece de nuevo ese paisaje de nogales y huizaches, y más atrás los cerros azules bajo el celeste del cielo y el ruido de las chicharras. Entonces la amargura se disipa o al menos se enreda con una especie de esperanza  de tiempos mejores por venir.
Con cuatro discos grabados –Lázaro Cristóbal Comala (2014), Los Claros (2015), América grande (2016) y Zaguán: Cinco canciones cardenche (2016)- Lázaro Cristóbal Comala y Los Niños Rotos (la banda que lo acompaña) es un trago de agua fresca en estos tiempos donde la estridencia y la inmediatez –y estupidez- mediática llena nuestras vidas. Sin oropeles ni florituras, sin poses,  su música es una invitación  a asomarse entre los pliegues del alma, a sentarse  a observar el ocaso por el simple gusto de hacerlo; a disfrutar del spleen  mencionado por Baudelaire.
Hermanado con  la vena melancólica de Nacho Vegas, tomando  inspiración del folk, el country y la americana, con claros guiños al sonido de Uncle Tupelo, Calexico -e incluso Townes Van Zandt- y agregando elementos del folclor mexicano, es una grata sorpresa que  Lázaro Cristóbal Comala haya germinado en estas áridas tierras tan llenas de música de  banda y más aún que  este ganando el afecto de un público que se va multiplicando.
El sol casi se oculta y la camioneta ha salido de la brecha para tomar la carretera a Anáhuac Nuevo León. Veo a mi abuelo y su sombrero gris a través del vidrio. El monte se va quedando lejos y mi flequillo se mueve por el viento, mientras al frente, mas allá de la carretera, puedo ver que las luces del pueblo comienzan a encenderse. Aún falta  camino por recorrer. Sonrío aunque no sé muy bien por qué.




Aquí pueden ver la presentación completa de Lázaro Cristóbal Comala y Los Niños Rotos en Cero Decibeles.

Y Aquí pueden leer una entrevista bastante interesante sobre Lázaro Cristóbal Comala.


Su Facebook es facebook.com/lazarocristobalcomala y toda su discografía esta en Youtube.

domingo, 21 de junio de 2015

¡Extra, Extra! ¡Los hipsters fueron creados por los reptilianos!

La duda nos estaba carcomiendo desde hace años: ¿De dónde broto tanto pinche hipster como si de  una plaga bíblica se tratara? ¿Fue tal vez  un severo caso de generación espontánea? ¿Nos mintieron  nuestros confiables libros de Ciencias Naturales de la SEP?
El hecho es que estos entes que ahora pululan hasta en las rancherías más recónditas de nuestro país, tuvieron su inicio –Según nuestra fuente  anti anunaki y viajera del tiempo- en un experimento llevado a cabo por la elite reptiliana de esta bananera nación. El maléfico programa conocido en las esferas secretas como HIPACHES (una mezcla de los vocablos  “hipster” y “huaraches”) buscaba la creación, por medio de tecnología alienígena ancestral (¡off course!), de rockers  pretenciosos y sobrevalorados que le dieran más en la madre al de por sí ya maltratado rockcito nacional. Y lo lograron.
Por el momento no podemos revelar más, pero he aquí los borradores de la creación de los cuatro primeros prototipos,  fruto de este maquiavélico plan  que con éxito rotundo logró que  miles y miles de chamacos imitaran a estos engendros del mal. ¡Ay nanita!

LEON LARREGUI (Leonis Larriegocuandomecoloco)
Resultado de todos los excesos del frontman de La Polla Records, mezclado con el mal genio de  Gargamel y la freses insoportable de Diego Luna, León  intenta  ocupar el gran hueco (¿neta?) que dejo San Saulito Hernández una vez metamorfeado a Jaguar. La táctica es simple: Lírica barata basada en anémonas de luz y vías lácteas.



CHETES (Norteñus Bitlescus)
Conformado con retazos de la greña de Kurt cobain, apenas una pizca de la mirada melancólica de John Belushi y  los cachetes de marrana  flaca (El Chavo dixit) de Don Carlos Villagran, este prototipo va por la vida queriendo ser John Lennon o Paul McCartney o ya de perdido Ringo. La afición por los bitols le nació después de escuchar un disco de éxitos del fab four en versión mariachi.


LO BLONDO (En serio, así hace llamar)

Que no os engañe su carita  compungida, como de “me duele la panza” a lo Betty la fea; sus gorgoritos  y su  pedante imagen de catedrática son mortales. Si bien los “ingenieros” intentaron rebajar su pesadez con unas gotitas de Bombón, la tierna chica superpoderosa, al final prevaleció el gen de Soraya, la malvada villana  interpretada por Itatí Cantoral en aquel culebrón llamado María la del Barrio. De la música mejor no hablamos.


JUAN CIREROL (Junkie Ca$$$$h)

El más nuevo espécimen calza  botas, chupa guamas, trae perico y ¡tururú!  Se rumora que, como el chupacabras, fue un experimento fallido pues dicho personaje se rehusó a entrarle al cotorreo de las baladitas blandengues y pop sin chiste y decantó por el country y las norteñas.
 Pelangochón  y hacedor de rimas tan fáciles como  prostitutas de tugurio de mala muerte, sus doce cuerdas cautivan a condechis y arrabaleros por igual. Sin una vestimenta hipsterosa, con una tendencia al punk y con un lenguaje pachecamente florido,  por mucho, es el menos peor  de los  cuatro. ¡Ajúa!
 

Reportó, para la inmensa soledad de este blog, un güey sin quehacer.








martes, 2 de junio de 2015

LBAsi

Poco sé del personaje en cuestión; en su “feis” dice que nació en Durango; en otros lados se cuenta que creció  en Piedras Negras, Coahuila; en el soundcloud sale que vive en Fosterlandia Texas. Total que el vato se llama Ezequiel León Moreno –aunque en una entrevista dice que se llama Oscar Ortiz, so… ¿WTF?- pero eso sí: Su nombre artístico es El Basi. O LBasi. Hasta aquí mi intento de lograr una introducción formal, porque, ¿Cómo hablar formalmente de un tipo  que hace de la incorrección política el pan de cada día? El Basi se echa la botana, tira carrilla y habla anorteñao, medio pocho y lo hace de forma inteligente; se ríe de y con los tópicos del mexicano fronterizo, el que vive los calorones de 43 grados y ve de cerquitas el contraste cabrón entre la suciedad y la pobreza de este lado del puente, y el pasto verde y recién podado y los “mols”  con sus escaleras eléctricas  y aire acondicionado bien frío, que están del lado gringo.
El Basi no es nuevo en la movida; fue co-fundador-junto con el ex bajista de El Gran Silencio y productor de Celso Piña, Julián Villarreal “El Moco”-de la banda  La Grope Mystic Proyect Band. Además, fundó con DJ Agustín el proyecto “CHICOTE”, aunque actualmente es solista.
Brincando del funk al folk, del rock  al pop y de la cumbia al rap, El Basi no discrimina géneros y el mismo se cataloga como un “Trovador electrónico”; No miento cuando digo que su lírica -¿onírica?- se disfruta como un buche de cheve  helada. Echando verbo coloquial, covereando lo mismo a Radiohead que a Caló, Pixies o The Cure,  malabarea con las palabras y  siempre tiene el buen tino de  acomodarlas formando oraciones ingeniosas y divertidas.
Si la justicia  soltara su balanza mal calibrada y se quitara el pañuelo para voltear sus oclayos lagañosos hacia el norte lleno de huizaches y biznagas de este maloliente país, Lbasi  estaría sonando en las estaciones de radio, siendo mamado por hípsters, rupestres,  punketos y metaleros malotes, compartiendo escenario en esos festi-valines -que ahora pululan como oxos en estas chayoteras tierras- con Zoeces, callejeros decimo terceros y Cirerolitos. Pero no; pareciera que  a este camarada le  tocó bailar con la morra más fea de la movida “indi”, la de a de veras; ese “indi” donde al músico le quieren pagar con chelas o de plano no le quieren pagar; el “indi” donde  con un putamadral esfuerzo, dinero propio y muchas penurias se logra grabar un disco realmente independiente y a los tres minutos  un cabrón ya lo está compartiendo, sin permiso, con el mediafire. Ese “indi” donde  vergonzosamente solo se le paga –cuando se le paga- al músico que toca las canciones de Maná  o Caifanes, y al que  se anima a componer canciones de su autoría, se le desdeña.
Y aun así, Lbasi se las arregla para mantenerse en pie de guerra, armando letras agridulces  cargadas de amor, desamor e ironía, y arropándolas con melodías de rock pop y coros pegajosos. Y entre todo su chabacano desmadre lleno de cucuys, vatos bien mameys y viejos de la güira, también se da el tiempo para crear melodías melancólicas de esas que son perfectas para escucharse en la tarde de un domingo tristón. Canciones como “Inevitable” o “No hay un lugar” son la muestra de que además de su característico lado chacotero, LBasi tiene las tablas suficientes para desarrollar canciones en un formato formal cargadas de sentimiento neto.
Y es precisamente esta dualidad, ese transitar del rebane  a la sobriedad, lo que me parece  muy llamativo de este compa: De su chompa salen frases destinadas a  provocar la carcajada y también es capaz de armar enunciados reflexivos e inteligentes.
LBAsi tiene como cuatro discos –El ultimo se llama “Urbanigrama Ocasional”-, todos independientes y de los cuales  no he escuchado ni uno completo; puras rolas sueltas. Pero lo que he oído me ha parecido tan a toda madre que hasta ando pensando en comprárselos al chingado I-tunes, y me cae que  me gustaría comprar el cd físico.
Alejado de los faroles de la fama, tocando en bares y empecinado en componer –y descomponer- canciones que hagan chacualear  a una que otra neurona atascada de mota o alcohol, ahí va Lbasi  tirando su verbo loco y sembrando música chida en un pinche desierto parco, donde no existe una verdadera movida rockeril con identidad propia.


Si no lo has escuchado, escúchalo; LBasi aún no ha creado la canción más verga del mundo, pero ya anda en eso.

¡Y no me agüites la pore, morra!





jueves, 16 de abril de 2015

A esa que le dicen Vida


A esa que le dicen Vida

Te escribo desde el ala izquierda de una urraca en agonía,
Como un piojo, un gorupo…
Una larva escondida entre los pliegues de la  carne ya podrida.
Te escribo para quitarme el ansia, la comezón insidiosa
De decirte  “Puta”  a ti,  la que te dicen Vida.

Te escribo como el maullido de un anciano gato
Que no consigue aparearse por las noches
Y  acepto así,  llanamente y sin reproches
El porvenir hediondo que en un sucio plato,
Has servido para mí, a modo de lonche.

Ni la paciencia de Job, ni la  piedad del Cristo
Debí haber aprendido eso desde niño
Estoy resquebrajado, perdido y loco, pero insisto,
 Aun siendo  un cautivo imbécil de Mefisto,
En besar  tu boca amarga con cariño.

Te regalo  las horas displicentes
Con las que con el tiempo armé un remedo de existencia
Y amparada en la insignificancia, mi inconsciencia
Regará las vísceras, sangre y heces pestilentes
Como posdata fatua  o si gustas, como un simple destello de inocencia.

Te escribo con la letra fea y chueca del cobarde
Y con la convicción irreflexiva del vencido
Cansado, flojo, viejo o aturdido
Llegué temprano y aun así se me hizo tarde
Y esa es la ley inexorable del caído.

Te dejo los mañanas para que los repartas
Entre todos los ansiosos de experiencias y atrevidos
Porque el sentido es un ladrón escurridizo, brinca bardas
Y porque incluso no hay fulgor de estrella que eternamente arda,
Vida, lo sabes, es mejor aparcar en el reducto oscuro del olvido.

miércoles, 8 de abril de 2015

Luna Fértil

Hormigas  bajo el sol de mediodía. Eso somos.  Es la Monclova que recuerdo, la chida. Nos sentamos  en la sombrita, afuera del  “Frogis”, una  cafetería que esta enfrente del CBTIS. Como yo salí de la prepa 24 hace como un año, el CBTIS y su multitud estudiantil  me parecen medio fresones. No hay pedo; la  tocada del día del estudiante está por comenzar. Rolamos las botellas de toronja con mezcal, carcajeamos. Hace ya casi cuatro años que se murió  Cobain, pero todos somos  Gronchetos: Fabián y sus pelos chinos, el Fer, Perikles, hasta Erick que por ese entonces mamaba al Tupac. Díganme viejo de mierda, pero en ese entonces descubríamos  bandas y canciones a diario, nuestros oídos eran terreno  virgen y fértil…
Fértil. Luna Fértil. Así se llaman. Ray y yo los conocimos cuando eran los Cacahuates. EL hecho es que tocan bien chingón. Sus rolas simplemente  rifan. Canciones originales, con garra y fuerza. Por eso aquí estamos, colándonos  entre la fila de morritas de faldita y  morrillos con uniforme. Lo logramos, no sé cómo. Adentro de la prepa es como una Kermese;  muchas niñas bonitas. En el escenario  ya está La Luna Fértil afinando. Se me acerca el Cacahuate, dando brinquitos al ritmo de “El esqueleto” de Las  Victimas del Dr. Cerebro que suena en las bocinas. Veo su playera con una enorme anarquía Roja, siempre se la he envidiado.
-¡Que pedo cabrón!
-Nariz, todo tranquis. ¿Listo pa´ tocar?
-No, ahora bajea el Yohuali, un camarada de San Buena. Espérame wey, ahí vengo…
Y se va dando brinquitos hasta el escenario, a ayudarle al grupo a acomodarse.
Se sube una señora y anuncia a la banda. Volteo para los lados y ya es un buen de raza. Nos comenzamos a amontonar alrededor del foro. Gritos y rechiflas. René, el vocal y guitarrista suelta los primeros acordes. “viene el diablo…” chingale. Esa rola esta con madre. Brincamos;  es como un precalentamiento. Nos apretujamos. El alcohol con toronja surte su efecto y siento retumbar los tamborazos justo en el pecho.  Sudamos expectantes bajo el sol de mediodía; rebotamos en nuestras piernas; melenas casposas agitándose, puños levantados, codazos y empujones…
¡NO ME IMPORTA NADA! NO ME IMPORTA NADA!
Se arma el slam. Veo  a un gordito güero  totalmente en trance, brincando  con los ojos cerrados  justo en medio de la rueda. Tiempo después sabré su nombre, Johaben.
En la bola hay una única  vieja, de pelos rojos trasquilados. Es la Eva, también la conoceré después.
Detrás del arcoíris te encuentro solo a ti… Sudor. El pelo se me pega en la frente.  Giramos en círculos cuando la rola se acelera. El Cacahuate brinca desde el escenario.  Por un rato me quedo como un bobo, oyendo  los riffs, y siento que todo encaja a la perfección. “yo quiero  ser parte de eso…”, pienso.  “Yo quiero tocar así, estar ahí”. Un empujón me hace rodar por el cemento de la explanada.  Alguien me extiende el brazo y me levanta. Es el güero gordito, sudoroso y sonriente.
El slam nos unifica. Jadeamos, sacamos la lengua. Para cuando  empiezan a tocar “Grita”, aquello es un desmadre. Acelere chingón.  La morra de los pelos rojos se cae y la banda le hace bolita. Pura botana. Nadie se libra de un raspón, o un codazo; nunca propinado a la mala.
La Luna Fértil termina su set. Todos gritamos el clásico “Otra, Otra…”. Se avientan  “Cuanto tiempo”. Rolón.
Se sube  la  señora y acapara el micrófono.  Ponen música de Fey. Lo que queda de las toronjas mezcaleadas ya está caliente, así que nos retiramos.
Caminamos cansados bajo el sol cabrón de media tarde, pero riéndonos y con la euforia  apenas apaciguándose, con el recuerdo fresco y los oídos aun zumbando y pensando, equivocadamente, que tendremos momentos como este por siempre…

Pasaría el tiempo y la Luna Fértil (Con Rene Corona en la voz y la guitarra, Yohuali en el bajo y Juan Ballesteros en la batería) dejaría de tocar, lo cual es una lástima; como también lo es la ausencia  de material  de ellos en internet.  Y es que, en un Pueblo donde casi ninguna banda se anima a hacer y tocar sus propias canciones, es importante  conservar el legado de las bandas que si lo hacen; que las generaciones  por venir conozcan este precedente y con suerte, tal vez algún aventado se anime a mostrar sus composiciones y ponga el siguiente tabique para afianzar una verdadera escena rockeril monclovense. Cualquier cosa que eso signifique.
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